Las bandas tributo ya no son un plan B

Guitarrista tocando en un escenario iluminado en tonos azules

Hace quince años, un grupo tributo era lo que tocaba en la fiesta del pueblo cuando no llegaba el presupuesto. Hoy algunos llenan teatros y hacen giras internacionales. Brit Floyd o The Australian Pink Floyd Show mueven más público en muchas ciudades que bandas con discos nuevos.

La explicación es sencilla: hay canciones que mucha gente nunca podrá escuchar en directo de sus autores. Algunos grupos ya no existen, otros no giran y otros cobran entradas que no todo el mundo puede pagar. El tributo cubre ese hueco.

Qué separa un buen tributo de uno malo

  • Respeto por los arreglos. Un buen tributo toca las canciones como sonaban en directo, no como suenan en el disco.
  • Músicos de verdad. Los mejores lo son de oficio, con años de carretera en otros proyectos.
  • Sin disfraz de feria. Pelucas y trajes valen como guiño, pero si la puesta en escena tapa la música, mala señal.

El debate que no se acaba

Hay quien dice que el auge de los tributos le quita sitio a la música nueva en las salas. Algo de razón tiene: un viernes reservado para un homenaje a Queen es un viernes menos para una banda emergente. Pero muchas salas pequeñas sobreviven precisamente gracias a esas noches seguras, que pagan las otras.

Nuestra opinión: un buen tributo es un buen concierto. Y si sirve para que alguien descubra un disco de 1973, mejor todavía. Pasa algo parecido con el soul, que gana mucho en una sala pequeña.

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