Desde la pista, un concierto dura hora y media. Para la gente que lo hace posible, la jornada empieza a mediodía y acaba de madrugada. Así suele ser un día cualquiera en una sala de 300 o 400 personas.
14:00 — Carga
Llega la furgoneta. La banda y, si puede permitírselo, un técnico propio descargan instrumentos, amplificadores y la mesa de luces si la llevan. La sala pone el equipo de sonido principal y a su técnico. Lo primero es decidir dónde va cada cosa en un escenario que casi nunca es tan grande como el grupo esperaba.
16:00 — Prueba de sonido
Es el momento más largo y menos vistoso. Se prueba instrumento a instrumento: bombo, caja, cada tom, bajo, guitarras, voces. Después, la banda toca un par de canciones enteras para ajustar el conjunto y los monitores, que es lo que los músicos oyen sobre el escenario. Si hay telonero, su prueba va después y suele ser más corta de lo que le gustaría.
20:30 — Puertas
Se abre la sala. En barra y taquilla empieza otro turno. El equipo de seguridad controla el aforo, que en las salas pequeñas se vigila al detalle.
21:30 — Concierto
El técnico de sala mezcla desde el fondo y corrige sobre la marcha: una sala llena suena distinta que vacía, porque los cuerpos absorben sonido. Las luces, en muchas salas, las lleva la misma persona o un técnico de la casa que improvisa sobre el repertorio.
00:30 — Desmontaje
Con la sala aún medio llena, empieza el desmontaje. Se recoge en el orden inverso, se carga la furgoneta y, con suerte, se cena algo antes de dormir. Al día siguiente, otra ciudad.
La próxima vez que una sala suene bien, acuérdate de quien estaba a las cuatro de la tarde golpeando un bombo durante veinte minutos.
